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domingo, 6 de julio de 2014

Trueke Caracas convoca al inicio formal de nuestro Primer Directorio Permanente de Trueke

Trueke Caracas convoca al inicio formal de nuestro Primer Directorio Permanente de Trueke


Bajo la firme creencia de que somos nosotros quienes construiremos el camino hacia un horizonte emancipatorio, solidario y ecológico; que ante la crisis mundial debemos incesantemente tejer comunidad, defender y promover lo común; y que queremos una economía que produzca otra sociedad más justa, el colectivo Trueke Caracas convoca a tod@s l@s prosumidores y prosumidoras a conformar el Primer Directorio Permanente de Trueke, para así iniciar formalmente nuestro sistema de intercambio comunitario (SIC)

  La idea es que conformemos un sistema de intercambio solidario de productos, servicios y saberes, que se mantenga permanentemente en el tiempo, y ya no solo en un momento determinado y haciendo trueke directo como lo hacemos en los mercados.

 Este sistema está basado en una comunidad de confianza, y esa comunidad la conformaremos en torno al Directorio.

En el SIC, el medio que utilizamos para intercambiar es un dominio colectivo, es creado por nosotros y no por terceras personas o agentes que están fuera del sistema, y se expresa en una cuenta comunitaria, un registro de nuestros intercambios que se encuentra abierto a todos los integrantes del grupo, en el cual cuando alguien recibe un bien, saber o servicio queda en deuda no con la persona con la que hizo el intercambio, sino con toda la comunidad. De esta forma todo el colectivo se beneficia, cuando el receptor de la ayuda se convierte después en proveedor de nuevos productos, saberes o servicios para otros.

¿Cómo funciona entonces el Directorio de Trueke Permanente?
En primer lugar, las personas que nos hemos encontrado en los mercados y actividades de trueke, nos juntamos en un directorio en el que ofrecemos una serie de saberes, productos y servicios, y además hacemos saber cuáles son nuestras principales necesidades para el momento. Hasta ahora se han unido 26 prosumidores. La idea es ir haciendo el directorio más amplio, diverso y orgánico, de manera de poder cubrir cada vez más necesidades a partir de esta comunidad.

Ahora bien, demos un ejemplo. Imagínense que ya existe esa comunidad, ese SIC en el que participan Andrés, Beatriz y Carlos. 


El 08 de junio Andrés le da a Beatriz 5 kilos de papas y recibe 10 puntos, que se anotan en la cuenta comunitaria sobre la base de un sistema de valores convenido colectivamente. Beatriz, por haber recibido el producto, queda con una deuda de 10 puntos.

El 13 de junio Beatriz le da a Carlos sus tortas y recibe 15 puntos. Nótese en el cuadro de abajo como las cuentas siempre van a cuadrar y la suma total de todas ellas van a dar cero.


El 17 de junio Carlos da a Andrés unos libros y recibe 25 puntos. 


Como ven, en el sistema de intercambio comunitario un miembro puede obtener un crédito favorable haciendo de niñera para otra persona y gastarlo luego más tarde en una carpintería con otra persona de la misma red. Además, este tipo de truekes no contempla el enriquecimiento de un particular.

    Los sistemas de intercambio comunitario buscan, en una ciudad como Caracas, incentivar y vincular producciones locales, artesanales, cooperativas y familiares. Conectar varias de nuestras necesidades insatisfechas, con el trabajo de otras personas con el que estamos construyendo comunidad, o con recursos inutilizados o subutilizados, prescindiendo del dinero.

  A veces no resolvemos necesidades ni se concretan intercambios porque hace falta el medio para ello –el dinero-. En muchas ocasiones tenemos todo –los recursos, la fuerza de trabajo, el talento, y, por supuesto, las necesidades- pero hace falta el dinero circulante. De esta forma, vamos construyendo núcleos de soberanía, autonomía y formas de autoabastecimiento.

   Este es pues, un proceso de creación colectiva, por lo que su funcionamiento, ampliación y consolidación requiere el aporte de todas y todos. Podemos ir detectando qué necesidades quedan insatisfechas en nuestra comunidad o colectivo, qué bienes comunes están disponibles y no usamos, qué mejoras podríamos esperar con la introducción del sistema de intercambio comunitario, y quiénes podrían ser los más interesados al respecto.

   Convocamos a todas aquellas personas interesadas en conformar el Primer Directorio Permanente de Trueke a unirse a esta naciente red solidaria, y construir otras formas de relacionamiento económico. Escríbenos al correo electrónico: truekeate@gmail.com, y súmate a esta construcción colectiva.



Trueke Caracas, ¡porque otra economía es posible!

jueves, 13 de marzo de 2014

Mujeres de Zimbabwe convierten las papas en oro

Mujeres de Zimbabwe convierten las papas en oro


Plantación de papas en el patio de la casa de Lina Chingama, de la localidad de Norton, 40 kilómetros al oeste de Harare. Crédito: Jeffrey Moyo/IPS

HARARE, 11 mar 2014 (IPS) - Shyline Chipfika, de 26 años, es una de las miles de mujeres de ciudades de Zimbabwe que han hecho fortuna cultivando sus propias papas. Y gran parte de su éxito se lo deben a una prohibición a las importaciones.
“Yo era una simple trabajadora en el hogar, y mi vida cambió mucho cuando me animé a plantar papas”, dijo Chipfika a IPS.
Su esposo se dedica a la venta ambulante en autobuses de Harare desde 2008, cuando la empresa en la que entonces trabajaba cerró, afectada por la hiperinflación, que paralizó a varios sectores de la economía.
La historia de éxito de Chipfika es muy rara en Zimbabwe, y ella asegura que no piensa dejar de cultivar.
“Vivía en un pequeño apartamento, pero gracias a esta iniciativa logré ampliarlo y convertirlo en una propiedad respetable”, dijo.
Para cultivar papas no se requiere una gran cantidad de tierra, solo tener un patio común y corriente. Allí muchas mujeres plantan semillas en sacos llenos de tierra fértil.
“El cultivo de papas en las ciudades que hacen las mujeres es muy simple y extremadamente productivo. Y sin embargo, desde tiempos inmemoriales las zonas urbanas fueron desaprovechadas por muchos que no veían ningún valor en ellas”, dijo a IPS el funcionario de extensión agrícola Mike Hunde, en Marondera, capital de la provincia Mashonalandia Oriental, a 70 kilómetros de Harare.
El gobierno estimula la investigación agrícola para mejorar la productividad, y promueve el cultivo de papas para la seguridad alimentaria y para apoyar a cultivadores locales. En 2013, prohibió las importaciones de este alimento básico, y la producción local despegó.
Aprovechando esta protección, mujeres en pueblos y ciudades formaron asociaciones para obtener ayuda financiera y asistencia de organizaciones no gubernamentales con el fin de dedicarse al cultivo de papas.
Según la Unión de Agricultoras Urbanas de Harare, en todo el país hay 151 asociaciones con 16.150 mujeres dedicadas a cultivar papa.
“Desde que se prohibió la importación cubrimos ocho por ciento del mercado nacional, dominado por los grandes productores locales, con 88 por ciento, mientras algunos agricultores varones que nos han imitado aportan el cuatro por ciento restante”, explicó a IPS la secretaria general de la Unión, Abigail Mlambo.
“Nuestra asociación de 12 cultivadoras se acercó a organizaciones no gubernamentales para pedir financiamiento e impulsar nuestro proyecto urbano”, dijo Nancy Chikwari a IPS.
Tras reunir 1.000 dólares para comprar insumos, el proyecto creció rápidamente, señaló. Hoy, esas mujeres pueden enviar a sus hijos a la escuela y a la universidad sin depender financieramente de sus maridos.
“Solo en 2013 cosechamos 30 toneladas y vendimos cada paquete de 15 kilos a ocho dólares, obteniendo miles de dólares en ganancias”, dijo Chikwari. Todas ellas ahora tienen automóvil y una casa en la capital.
Las mujeres en este país de África austral constituyen el sector más afectado por el desempleo. Según la Oficina Central de Estadística, de los 13 millones de habitantes del país, 60 por ciento son mujeres y 66 por ciento de ellas están desempleadas.
Cifras oficiales de 2013 indican que solo 850.000 zimbabwenses cuentan con un empleo formal.
El Programa Mundial de Alimentos estima que el desempleo en este país ronda 60 por ciento, y un gran número de personas sobreviven en el sector informal.
Pero para muchas mujeres que ahora se dedican a sembrar papas, el desempleo es cosa del pasado.
“Las mujeres como yo ya no nos preocupamos por el desempleo. Hago muchas ventas de papas que cosecho en mi propio patio trasero”, dijo Lina Chingama, de 44 años, residente de Norton, localidad 40 kilómetros al oeste de Harare, en diálogo con IPS.
Chingama dijo que realiza tres cosechas al año y obtiene 1.200 kilos cada vez. Una bolsa de 10 kilos se vende a unos 10 dólares en el mercado local.

Muchas mujeres, antes dependientes de sus maridos, ahora se convirtieron en sostén de sus hogares.
“¿Quién dijo que las mujeres no podían mantener a sus familias? De verdad, vea lo que la magia de la papa ha hecho para muchas aquí. No nos hemos quedado dormidas en las ciudades, sino que estamos velando por el bienestar de nuestras familias”, dijo a IPS la activista feminista Grace Mbiza.
El ambientalista independiente Archibald Chigumbu destaca que este tipo de siembra es sostenible.
“Su método no daña el ambiente, pues las bolsas con las plantas de papa se ubican en los patios”, dijo Chigumbu a IPS.  Las variedades más cultivadas son Amythest, Mont Claire, BPI, Jacaranda, Opal y Emerald, destacó.
Ronald Museka, presidente del gremio agropecuario Consejo de la Papa de Zimbabwe dijo a IPS que “buscamos asegurarnos de que haya suficiente producción para el mercado local, y las mujeres de las ciudades están haciendo precisamente eso. Pronto podrían comenzar a exportar”.
Por su parte, el ministro de Agricultura de Zimbabwe, Joseph Made, mostró un decisivo apoyo al emprendimiento.
Estas mujeres “lideran una gran iniciativa, maximizando los cultivos de papa en sus patios domésticos, y terminan el día yendo al banco con una sonrisa. No dudaremos en apoyarlas en todo lo que sea posible”, dijo Made a IPS.
Pero las agricultoras tienen dificultades con las autoridades locales, ya que no están claros los márgenes legales del cultivo doméstico para la venta.
“Las autoridades de los concejos no han aprobado la agricultura urbana, y no estoy seguro de lo que puede ocurrir con estos proyectos”, dijo un funcionario local a IPS a condición de preservar el anonimato.

viernes, 7 de febrero de 2014

Tim Jackson: "Apuesto por la economía Cenicienta, que frena el crecimiento"

Tim Jackson: "Apuesto por la economía Cenicienta, que frena el crecimiento"


Por Álvaro Porro y Rubén Suriñach
Revista Opciones

Tim Jackson es un pensador reconocido por su trabajo sobre una nueva concepción de la economía y el consumo. Es el autor de Prosperidad sin crecimiento (Icaria / OxfamIntermón)


-¿Cuál es tu nuevo concepto de prosperidad?
No es un concepto tan nuevo. De hecho, es bastante antiguo: viene de una tradición de dos o tres mil años. Para Aristóteles la buena vida consiste en la capacidad de prosperar o progresar como seres humanos, en la habilidad para satisfacer nuestras necesidades materiales (comida, vivienda, protección)pero también para satisfacer la conexión entre unos y otros, nuestra identidad, nuestra participación en la sociedad, las necesidades psicológicas.Nuestra capacidad de disfrutar de una buena vida depende de nuestra capacidad de ser parte de la sociedad, y esto es lo que debería permitir la economía. Silasatisfaccción de las necesidades y el consumo material van de la mano acabarán chocando con los límites ecológicos del planeta, y habremos perdido la partida. Debemos poner los límites sobre la mesa y decir “estas son las fronteras que no podemos pasar, es lo que tenemos para conseguir una buena vida”.

-¿Cuáles son los instrumentos más poderosos que tiene el ámbito institucional para favorecer este cambio sociocultural?
Los hay de muchos tipos. Una de ellos desde luego tiene que ver con la vara de medir. Actualmente el PIB es la más importante, y es una medida muy estrecha para evaluar la prosperidad. Incluso económicamente es insuficiente. La crisis económica ha sido realmente una “crisis de medida”, porque poníamos toda nuestra atención en el PIB, y el PIB iba creciendo, pero resulta que la deuda también iba creciendo. La deuda estaba minando la liquidez de nuestra economía, estaba creando fragilidades que traían inevitablemente un colapso del PIB, pero no le prestamos atención. Hay que tener sistemas de medida que sean robustos en términos económicos, y robustos para medir las capacidades de prosperar como seres humanos.

-Sostienes que "todos somos libres de hacer lo que queramos aunque hay diferencias en los niveles de libertad”: ¿cómo interactúan equidad y sostenibilidad en tus propuestas?
Están estrechamente relacionadas. ¿Tenemos una sociedad en la que a todo el mundo le es posible tener una vida saludable? Yo creo que si no es así es porquesomos muy poco igualitarios en el reparto de los recursos naturales. Esto se ve muy claramente cuando observas las diferencias entre países, cosa que también te hace cuestionarte para qué sirven el crecimiento o la opulencia. Si ordenamos los países de menor a mayor renta por cápita, vemos que entre los de más al principio la esperanza de vida crece muy rápidamente, pero enseguida se frena y queda casi constante. Cuba y Costa Rica tienen esperanzas de vida superiores a las del Reino Unido y los Estados Unidos, pero rentas muy bajas y un uso muy inferior de recursos.

Si no hubiera límites ecológicos, buscar el crecimiento indefinido podría ser aceptable; podríamos aspirar a seguir creciendo como países ricos, y la gente más pobre iría subiendo lentamente la curva del crecimiento hasta llegar a una buena esperanza de vida. Pero si hay un límite ecológico, todo lo que adelantes en el extremo alto es un coste para la gente de abajo, que se quedará sin espacio ecológico, sin recursos materiales, y ya no podrá subir por la curva del desarrollo para obtener un mínimo de decencia. Si el pastel es limitado quiere decir que se tiene que compartir, y la equidad social es lo más importante.

-Cuando hablamos de consumir menos, decrecer, una de las grandes preguntas que a menudo nos hacen es ¿Y qué pasa con los puestos de trabajo? ¿Qué piensas al respecto?
El reparto del trabajo es importante, en coherencia con los principios generales de equidad social. Ahora todo depende de poder mantenerse, de tener un sueldo, y, por lo tanto, en condiciones de escasez tiene mucho sentido tener estas políticas de reparto. Si no lo haces, generas una clase de gente que está excluida de la sociedad, una sociedad en dos pisos, donde la propensión a la violencia, al malestar, al conflicto es mucho más alta.

Resulta que el conductor del crecimiento es la productividad del trabajo, que quiere decir que el año que viene podrás producir el mismo número de bienes que este año con menos personal. Así, si no incrementas el número de bienes que produces, necesitarás menos trabajadores: más gente se quedará sin trabajo y con menos poder adquisitivo, la gente comprará menos cosas y acabarás produciendo menos bienes, y más gente se quedará sin trabajo... En vez de una economía basada en el crecimiento tenemos una economía basada en el colapso.

En gran medida, la productividad del trabajo se incrementa sustituyendo mano de obra por capital y recursos materiales baratos. Y ¿qué se hace, con estos materiales? Se producen una gran cantidad de bienes que la gente no necesita, o los quiere en realidad para satisfacer las necesidades alrededor de su identidad personal, que anteriormente nunca habían tenido nada que ver con cosas materiales. He aquí: perdemos puestos de trabajo y derrochamos materiales. Y hemos priorizado y privilegiado los sectores de la economía en los que se ven posibilidades de incrementar la productividad del trabajo.

Hay que construir una economía en la cual las actividades no estén basadas en hacer más productos, sino en movernos hacia sectores intensivos en mano de obra que podrían suministrar a la sociedad el tipo de cosas que necesitamos. Hay toda una serie de actividades alrededor de la sanidad, la educación, los cuidados, el bienestar social, el ocio y el tiempo libre, la cultura, que parecen la oportunidad perfecta para construir una economía, porque son intensivas en trabajo, normalmente son ligeras en términos de materiales y emisiones de carbono, y proporcionan trabajos decentes que pueden contribuir a la prosperidad real de la gente, y no sólo a producir cosas. Esto es la economía Cenicienta, y la denomino así porque desde la perspectiva de un economista convencional ¡no vale nada! Es una economía que seca el crecimiento, que frena la economía.




martes, 28 de enero de 2014

Documental: El Trueke

El Eco Urbano, presenta: El trueke



Capítulo 5 de la nueva temporada de “Eco Urbano”, donde se muestran elementos importantes sobre el problema del dinero y qué es el trueke. Con la participación del Colectivo de economía solidadaria "Trueke Caracas"


miércoles, 24 de julio de 2013

(Video) Trueke Caracas: Una alternativa solidaria en la ciudad

Trueke Caracas: Una alternativa solidaria en la ciudad


Agencia Venezolana de Noticias
http://www.avn.info.ve/video/181462






Caracas, al igual que muchas urbes del planeta, es una ciudad profundamente movida por el consumismo, sin embargo, en ella hoy se están abriendo nuevos espacios de economía alternativa como los impulsados por "Trueke Caracas", un colectivo que promueve no sólo el intercambio sino también la producción.



martes, 16 de julio de 2013

Las cachamas que desafían al capitalismo

Las cachamas que desafían al capitalismo


Agencia Venezolana de Noticias
La población de El Zancudo, en el estado Apure, es un ejemplo exitoso de lo que puede lograr una comunidad organizada, que sin más recursos que los que les ofrece la naturaleza, ha derrotado la lógica capitalista materializando un proyecto artesanal de cría de cachamas sin necesidad de invertir dinero. Con mucho entusiasmo y trabajo esta experiencia pretende expandirse hacia más comunidades.





lunes, 8 de julio de 2013

La globalización contra-hegemónica

La globalización contra-hegemónica


Víctor M. Toledo
La Jornada

Estamos siendo testigos de la irrupción de los ciudadanos de innumerables países, que protestan indignados contra la realidad de un mundo cada vez más injusto, más inseguro y donde la democracia real se ha vuelto una ilusión. Se trata de un fenómeno inédito. Las nuevas tecnologías de la información y la telecomunicación permiten ya no sólo transmitir el malestar, sino organizar expresiones masivas por canales no controlados ni por el poder político (gobiernos y partidos) ni por el poder económico (empresas y corporaciones). Estasrebeliones ciudadanas, ocurridas de manera espontánea en regiones tan diferentes como el mundo árabe (Egipto, Túnez, Argelia, Marruecos), Europa (Islandia, Grecia, Portugal, España) o América Latina (Chile, México, Brasil), han logrado detener o anular medidas coercitivas, cambiar leyes o derrocar regímenes autoritarios. Son reacciones a la crisis de la civilización moderna. Sin embargo, ahí donde parece que todo termina, es donde todo comienza. Si la protesta callejera, por más impactante que sea, no se transforma en organización autónoma de la sociedad civil, su efecto tenderá a desvanecerse o apagarse y a terminar recluida en el baúl de los recuerdos. ¿Cómo convertir la protesta en una fuerza real de transformación social?

Debemos al pensador lusitano Boaventura de Sousa Santos la expresión de globalización contra-hegemónica. Bajo este título agrupa los proyectos, iniciativas y procesos de carácter alternativo que, creados y ejecutados por la sociedad civil, representan fisuras en el modelo dominante de la civilización industrial o moderna. Su importancia es nodal, porque muestra que existen ejemplos y casos exitosos de la vida realconstruidos sobre valores no sólo alternativos, sino opuestos a los que hoy dominan. Se trata de experiencias autónomas e independientes de los poderes políticos y económicos inspirados en el apoyo mutuo y la cooperación y basados en una economía que es moral, ecológica y solidaria. Hagamos un brevísimo recuento.

Es posible que el rasgo clave de estas experiencias sea el espíritu solidario, cooperador o altruista de quienes participan en ellas. Ello las sitúa de raíz como antípodas de la competencia y del individualismo. Sobre ese valor se construyen entonces instituciones verdaderamente democráticas, horizontales e igualitarias que surgen en paralelo a los proyectos. En esta perspectiva el primer baluarte lo conforman las cooperativas y las redes de muy diferente tipo. Las cooperativas, que son modalidades de empresas sin patrones donde los trabajadores son todos socios con derecho a voz y voto, no sólo existen y subsisten sino que se expanden por todo el mundo. Las redes de producción y consumo igualmente crecen, especialmente las de los productos orgánicos.

La cooperativa es y será cada vez más el modelo productivo que habrá de remplazar a las empresas y corporativos privados. La cooperativa surgió en 1844 en Inglaterra cuando 28 trabajadores despedidos decidieron fundar su propia empresa. Si usted, lector, explora por Internet el tema, encontrará más de 3 millones de respuestas y se enterará que existe la Alianza Internacional de Cooperativas, fundada en 1895. El modelo cooperativo está presente en los principales proyectos contra-hegemónicos.

Ya hace más de cuatro décadas que en Japón surgió el Tekei, redes que conectan cooperativas de productores y consumidores de alimentos, en su mayoría orgánicos. Se estima que hacia 2004 participaban unos 22 millones de ciudadanos. El Tekei japonés se considera una experiencia emblemática que ha inspirado muchas otras experiencias similares en numerosos países. En India, el influyente legado filosófico de Mahatma Gandhi, que incluye conceptos de gran importancia como el swaraj (autogobierno) y laswadeshi (control popular de los procesos) y las notables resistencias ecológicas, como el movimiento Chipko (mujeres defendiendo los árboles) o la protesta de Bophal, han inducido unas 30 mil iniciativas sociales emancipadoras conocidas como micromovimientos. También está el caso del estado de Kerala, en el extremo sur, donde gobiernos de izquierda, a contracorriente de lo que habitualmente sucede, han gestado un extenso movimiento de democracia participativa, que ha llegado a sus mil 214 municipios. Kerala mantiene una población, equivalente a la de España, de casi 40 millones. En México existe un registro de un millar de experiencias locales, de inspiración ecológica, realizadas por empresas sociales, casi todas indígenas, distribuidas principalmente por el centro y sur del país. En España el cooperativismo tiene una alta presencia en la economía; su experiencia emblemática es Mondragón, con 100 mil socios, y frente a la crisis se han constituido nuevas cooperativas integrales en Barcelona, Madrid y Andalucía.

La información disponible, por lo común dispersa, revela que en Cuba un movimiento ciudadano de carácter agroecológico logró remontar la crisis alimentaria provocada por la ausencia de petróleo, tras la caída de la Unión Soviética, más allá del aparato político de la isla; que en Brasil, las tres principales confederaciones campesinas se plantean no sólo el reparto agrario, sino el modelo agro-ecológico y la soberanía alimentaria; y que en Europa el movimiento de las Transition Towns, poblaciones que buscan vivir sin petróleo bajo un modelo sustentable rebasan, las 200.




Es posible que toda esta gama de proyectos ciudadanos no alcance aún a conformar un proceso global. Pero todo apunta hacia allá. Mientras que la Alianza Cooperativa Internacional reúne a 800 millones de socios, la Vía Campesina es ya una organización global, con 200 millones de miembros. En escasas dos semanas el movimiento ambientalista logró sacar a la calle a más de 2 millones en 435 ciudades para protestar contra Monsanto y los alimentos transgénicos. El día del orgullo gay igualmente convoca cada año a cientos de miles a manifestaciones callejeras. Quienes se dedican a la teoría de redes, saben que una vez consolidada una red en un nivel, el siguiente paso es su articulación con otras más y así sucesivamente. Conforme se vaya consolidando este proceso trans-escalar se habrá de pasar a la formulación de contenidos teóricos para buscar una civilización diferente, o una modernidad alternativa. La frase del pensador alemán Bertolt Brecht resulta significativa: La crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer.

domingo, 30 de junio de 2013

El boicot

El Boicot


Garay, Ane
OMAL

El boicot es una práctica organizada que consiste en negarse a comprar, vender o mantener cualquier otra forma de relación comercial o de otra índole con una empresa o institución a la que se responsabiliza de actividades moralmente reprobables. Se trata de una medida de presión para que dicha entidad cese aquellas de sus prácticas que violan los derechos humanos o que tienen probados impactos sociales, laborales, económicos o medioambientales.

Las campañas de boicot se consideran iniciativas de resistencia no violenta que pueden plantearse a corto o medio plazo, y que persiguen objetivos concretos. A lo largo de la historia, esta estrategia ha sido utilizada por una amplia diversidad de actores, como gobiernos, sindicatos, movimientos sociales y organizaciones internacionales, y ha sido dirigida a presionar principalmente a estados y empresas.

Boicot contra las EMPRESAS TRANSNACIONALES
En las iniciativas de resistencia contra las empresas multinacionales, las estrategias de boicot han tenido un papel relevante desde los años setenta, momento en que se produjo la primera campaña contra la transnacional suiza Nestlé, a quien se acusó de fomentar el consumo de su leche en polvo en países empobrecidos donde la mayoría de la población no tiene acceso a fuentes seguras de agua. Lo que tuvo como consecuencia la mayor vulnerabilidad de la población, especialmente infantil, a enfermedades gastrointestinales. Hoy en día, el llamamiento contra esta empresa agroalimentaria continúa activo, ya que la compañía es acusada de múltiples conculcaciones de derechos sociales, políticos y ambientales, como prácticas antisindicales y violaciones de los derechos humanos en Colombia.

Un segundo boicot emblemático contra una transnacional es el que comenzó en los años ochenta contra la multinacional química estadounidense Union Carbide, hoy filial de Dow Chemical. En 1984 se produjo una fuga masiva de gases altamente tóxicos de su planta de producción de pesticidas en Bhopal (India) que acabó con la vida de cerca de 15.000 personas y que se estima que aún hoy tiene secuelas en la salud de otras 100.000. A pesar de que la compañía fue declarada culpable, esta negó y eludió toda responsabilidad sobre el vertido. La llamada al boicot sigue viva y organizaciones de la comunidad hindú del Reino Unido y otros activistas presionaron contra el patrocinio de los Juegos Olímpicos 2012 en Londres por parte de Dow Chemical.

Otra campaña significativa de boicot internacional contra transnacionales es la que se lleva a cabo contra Coca-Cola, una de las mayores corporaciones estadounidenses. Se ha llamado al boicot desde diversas organizaciones y por diferentes causas: se acusa a la compañía de provocar el desabastecimiento de acuíferos y la contaminación de aguas en localidades en las que tiene plantas de producción, en lugares como México, El Salvador e India y se le atribuye el impulso de políticas de PRIVATIZACIÓN de este recurso. Asimismo, se han denunciado sus actividades antisindicales en Pakistán, Perú, Nicaragua y Rusia. Y se acusa a Coca-Cola de estar implicada en acciones violentas contra dirigentes sindicales de sus plantas embotelladoras en India, Turquía, Guatemala y Colombia, incluyendo el asesinato de más de una decena de personas en estos dos últimos países desde 1980.

Wal-Mart, British Petroleum, Mattel o McDonald’s son otros ejemplos de compañías que han sido boicoteadas por sus implicaciones en la conculcación de derechos humanos, derechos laborales o en graves impactos medioambientales.
 
Existen, sin embargo, organizaciones y campañas de denuncia y presión contra las violaciones de estos derechos que se han posicionado contra el boicot. Concretamente, frente a multinacionales textiles, como Nike o Adidas, que subcontratan la confección de sus productos a empresas maquiladoras, algunas campañas han llamado la atención sobre las posibles consecuencias de este tipo de acción: el boicot sería contraproducente porque estas marcas dejarían de subcontratar la producción en una determinada zona, provocando el cierre de la fábrica y el despido de sus trabajadoras, sencillamente para desplazarla a otro lugar en el que las condiciones laborales no serían necesariamente mejores. Por lo tanto, cobra especial relevancia que en este tipo de campañas haya una buena coordinación con el sector sindical a la hora de valorar los riesgos y el potencial éxito de un boicot.


Boicot para presionar a estados
El boicot contra EMPRESAS TRANSNACIONALES también ha sido un instrumento para castigar su apoyo, consciente o no, a estados que desarrollan políticas racistas, dictatoriales y colonialistas. Así, desde la década de 1980 se pusieron en marcha por todo el mundo campañas de boicot y desinversiones hacia las multinacionales que mantenían relaciones comerciales con el régimen del apartheid en Sudáfrica. La presión llegó a acelerar el fin del régimen segregacionista en 1994, hecho que constituye la victoria más significativa lograda mediante la estrategia de boicot.

Dos llamadas al boicot que beben de la victoria lograda en Sudáfrica son las dirigidas a presionar a la junta militar de Birmania —se boicoteó a las empresas Triumph, Pepsi, Coca-Cola y Chevron, que finalmente salieron del país, y aún hoy a la francesa Total— y al Estado de Israel. Esta última iniciativa, que partió en 2004 de la propia sociedad civil palestina, persigue el fin de la ocupación de Palestina y sus recurrentes violaciones de los derechos humanos: la campaña de Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS) es secundada internacionalmente por numerosas organizaciones que invitan a no consumir productos procesados en los territorios ocupados por el Estado de Israel ni de compañías que inviertan en aquel país.

A modo de conclusión
Las campañas de boicot han demostrado ser eficaces contra compañías que tienen una importante proyección como marca, por su impacto directo en el volumen de ventas, pero sobre todo porque su imagen corporativa queda sensiblemente dañada. Para contrarrestar estas estrategias, empresas como Nike, Dow Chemical, Coca-Cola y Shell, entre muchas otras, invierten millones de dólares en PUBLICIDADe iniciativas de lavado de cara, como la acción social enmarcada en la RESPONSABILIDAD SOCIAL CORPORATIVA.


Por último, diversas organizaciones han puesto en marcha campañas para investigar y ofrecer información detallada acerca de las prácticas que atentan contra los derechos humanos en las que incurren ciertas empresas a la hora de fabricar o distribuir sus productos. Su objetivo es que los consumidores y consumidoras dispongan de información detallada que les permita realizar una compra ética. Esto permite, por ejemplo, que instancias públicas como escuelas, universidades y administraciones estén informadas a la hora de elegir proveedores. Sin embargo, el boicot va más allá de una mera elección de consumo responsable y apela a las personas en tanto que sujetos políticos y no sólo en calidad de consumidoras.


lunes, 3 de junio de 2013

Convertir la coyuntura del desabastecimiento en debate popular y organización socioproductiva

Convertir la coyuntura del desabastecimiento en debate popular y organización socioproductiva


Por: Andrés Avellaneda
Aporrea

Nota de Aána Erëparu: En esta nueva coyuntura de “desabastecimiento de mercancías agroalimetarias” el siguiente artículo cobra vigencia.

Considerando que el actual momento sociopolítico es un momento determinante en el cual luchamos o extraviamos el proceso revolucionario, hemos decidido empezar a  republicar aportes que fueron escritos y publicados años atrás.

Este artículo compartido en  febrero de 2008 en aporrea; aún cuando contenga conceptos  que el propio autor cuestiona hoy en día como: “Agricultura Sustentable” en vez de “Agricultura Indocampesina” como la define ahora Avellaneda. Vale la pena leerlo a la postre de una etapa del proceso… ¿seríamos un poco más independientes?



Si decidimos involucrarnos en la construcción del socialismo, debemos entonces comenzar un proceso de profundo análisis y ruptura con la cultura del modelo de dominación capitalista, no solo en lo colectivo sino en lo individual, pues de lo contrario nos convertimos en predicadores de mensajes, valores y sacrificios para que sean asumidos y practicados por otros. Los que andamos en procesos reflexivos y de cuestionamiento del capitalismo con su cultura de la explotación, máxima ganancia, extracción, consumismo, patrones de consumo, hábitos alimenticios importados e institucionalizados de “mercancías alimenticias”,debemos contribuir a poner en evidencia la dominación que subyace en nuestra alimentación.

En el capitalismo, los bienes de consumo alimenticios provenientes del procesamiento agroindustrial son concebidos para la generación de ganancias y acumulación del capital para sus dueños, sin importar el acceso, la disponibilidad y menos la calidad en términos de nutrición e inocuidad a la salud humana.La agroindustria a través de los medios de difusión de comerciales y la penetración de la educación formal en todos sus niveles y sectores profesionales como médicos, nutricionistas, ingenieros agrónomos, médicos veterinarios, técnicos y científicos han amarrado a los consumidores y a la institucionalidad, al consumo y producción de sus mercancías, sin importar la calidad de los nutrientes que aporten, ni los residuos nocivos a la salud pública provenientes del procesamiento de las materias primas.

Ejemplos de lo planteado lo vemos en el proceso agroindustrial del maíz, aceites (tanto de maíz como de otras oleaginosas), arroz, pollos, cerdos, leche. Veamos el caso del maíz. El modelo agroindustrial convierte a productores venezolanos en simples proveedores de materias primas (el grano entero con todos sus nutrientes) a la agroindustria. La agroindustria a este cereal lo fragmenta o lo descompone en subproductos para la elaboración de una serie de mercancías como aceite, hojuelas de maíz, nepe, almidón, desechos para la industria animal y “el bagazo” resultante lo comercializa como “harina de maíz precocida” siendo realmente harina de restos de maíz precocida. Como se observa lo importante no es aportar nutrientes para cubrir las necesidades del género humano como lo plantea el socialismo, sino extraer la mayor ganancia posible. Esta “mercancía desnutrida” la venden casi a tres veces del precio que pagan por el grano de maíz entero, además de las ganancias provenientes de la separación de los principios nutritivos (carbohidratos, proteínas, grasas, vitaminas y minerales) que se venden como subproductos por separado.
En la construcción del socialismo debemos hacer esfuerzos por no reproducir esta inhumana concepción; a sabiendas de lo difícil que es superar la colonización alimentaria agroindustrial en el pueblo, las instituciones y los dirigentes; pero debemos comenzar a emanciparnos de esta dominación.

La coyuntura alimentaria actual se puede caracterizar fundamentalmente por fallas de abastecimiento en mercancías provenientes del procesamiento agroindustrial como la harina de maíz, arroz, leche, pollos, huevos, aceites; control casi absoluto de la infraestructura agroindustrial en manos de empresarios en su mayoría comprometidos con los planes de desestabilización, así como buena parte de la cadena agroproductiva; un importante contrabando de extracción; una red de distribución pública que se dejó permear por la corrupción para así justificar la penetración de grandes redes de “súper” en el negocio, no solo con sus mercancías sino en sus funciones, es decir la distribución. Adicionalmente se han creado círculos sumamente interesados en la importación de los productos faltantes. El gobierno ha seguido financiando mayoritariamente planes de siembra de las materias primas requeridas por esa agroindustria implantada en la cuarta república, mientras desarrolla una estrategia de romper con el monopolio agroindustrial, en el caso del maíz, mediante la construcción de plantas procesadoras de maíz a través del convenio Venezuela-Irán. Por otro lado ha venido tímidamente haciendo aportes a una agricultura alternativa y casi nada en materia formativa.

El problema del abastecimiento a mi modo de ver, no solo debe ser abordado como un pugilato entre gobierno – oposición: “falta tanto (oposición), traigo tanto (gobierno)” haciendo el juego a los propietarios agroindustriales manteniendo a la población dominada y cercada con el consumo de sus mercancías.

Si utilizamos la coyuntura para avanzar en el cuestionamiento del modelo capitalista agroindustrial, cuestionar sus mercancías, cómo y con qué se producen; cómo las procesan, qué utilizan y qué resulta de ese procesamiento; cuáles son sus efectos sobre la salud pública y ambiental; cómo es su estructura de dominación, cómo absorbe gran parte de las prácticas socioculturales alimentarias; cómo se subsidia, socialmente quienes son los fabricantes y de quién dependen, es decir convirtamos la coyuntura en un gran debate popular, que sirva para aumentar la conciencia política ideológica de nuestro pueblo desenmascarando la esencia de la dominación agroindustrial con sus mercancías. Abramos el debate del maíz, arroz, aceite, leche, pollos, huevos, cerdos.

Por otro lado, aprovechemos el momento para contraatacar socialmente, impulsando un tejido de redes socioproductivas campo-ciudad, el vecino como productor, proveedor, procesador; organizando socialmente la producción sobre la base de la formación político ideológica contextualizada con hábitos alimenticios propios; desarrollando la Agricultura Sustentable, utilizando recursos como los de la Misión Ciencia en la innovación tecnológica socialmente apropiable y apoyando tecnólogos populares, facilitando la capacidad industrial instalada y por instalar del estado. En la práctica cultural de nuestro pueblo estos planteamientos son una realidad invisibilizada por la academia e institucionalidad.

La elaboración social y comercial de arepas de maíz pilao o pelao, son un ejemplo sabroso de ruptura con el modelo y la cadena agroproductiva impuesta. Asumirlo implicaría un proceso de rompimiento popular con el patrón agroindustrial de la arepa “blanquita, livianita, suavecita, redondita, ….y envenedadita, desnutridita” por una arepa “grisácea, rústica, con bordes irregulares,….pero sabrosa, con altos contenidos en fibras, con todos sus nutrientes, sin químicos y con dividendos sociales”.


Adicionalmente, organizar al pueblo sobretodo citadino en un gran voluntariado de brigadistas para el control inflacionario de los productos y de ilícitos contra el abastecimiento alimentario, encargando al pueblo del nivel de detallista y el gobierno de los grandes empresarios, en una verdadera unión pueblo gobierno. Esta participación popular debe tener contenido teórico, formativo y punitivo es decir que el pueblo conozca sobre los alimentos, la dominación alimenticia, etc., forme a las comunidades y participe también en la sanción contra los especuladores y acaparadores, dejando ser simples reportadores de delitos.


La estrategia de romper el monopolio agroindustrial con más modelo agroindustrial, es decir con más plantas procesadoras de maíz produciendo la misma mercancía, posiblemente es un cómodo mal necesario en la actual coyuntura, sobretodo para atender el consumo de las grandes ciudades, pero estirará la arruga del problema de fondo. Según lo señalado, desenmascarando y desmontando el negocio agroindustrial, quizás de las 20 plantas a instalar al menos 10 cambien hacia la elaboración de productos con concepción socialista basados no en la presentación, su color, su forma; imitando el producto impuesto; sino con base a sus aportes para la satisfacción de las necesidades nutricionales y sociales de nuestro pueblo, de modo que el producto sea una arepa con todos sus principios nutritivos, que nutra y no dañe, es decir que siga el patrón de la arepas de maíz pelao o pilao.

Se está en pleno conocimiento de que lo planteado aquí no es de la noche para la mañana, saliendo al paso al tradicional subterfugio de la flojera intelectual, del temor al cambio de los niveles de decisión y que le echan su culpa al pueblo; del cerco agroindustrial en las instituciones; de la resistencia al cambio de los funcionarios heredados; pero hay que comenzar a revisar, rectificar y reimpulsar las políticas alimentarias retomando y perfeccionando el ejercicio endógeno de nuestro pueblo, que está ahí, que funciona, que es realidad y no lo vemos o no lo queremos ver.


andresavellaneda42@yahoo.com


Alguna vez fuimos de maíz

De cómo el capitalismo nos arrebató lo que casi fue nuestra cultura
Alguna vez fuimos de maíz


José Roberto Duque
Tracción de sangre

Especie de complemento de aquel otro artículo: 
Puerde leerse también en la revista Épale Ccs Nro 31 http://www.ciudadccs.org.ve/?cat=430


A finales de 2011 visité el Complejo Agroindustrial José Inacio Abreu e Lima, allá en Anzoátegui. Trabajaba entonces para el Instituto Nacional de Desarrollo Rural, y se suponía que había buenas noticias para difundir; por ejemplo, que estaban por cosecharse las primeras 12 mil hectáreas de soya, una leguminosa que no es de por estos lados (tranquilos: el mango y el arroz tampoco lo son y la gente los cree o los considera autóctonos, nomás porque caen bien). Bastante se ha hablado sobre la devastación de los frágiles suelos de la mesa de Guanipa. También sobre el dato insólito de que en pocos años ya no serán 12 mil sino 32 mil las hectáreas de soya por sembrar (por cierto que le conté esto a un brasileño, y el hombre, después de mirarme con lástima, se me rió en la cara: en su país ya rebasaron el millón de hectáreas de sembradíos). Así que, morboso y malintencionado como me criaron, comencé a fijarme en otra dimensión del fenómeno: el dato sociocultural adjunto al hecho económico-productivo. Como es de esperarse, en ese complejísimo complejo trabajan personas que, en su mayoría, viven cerca de las instalaciones. Muchas de esas personas pertenecen a la etnia Kariña, y uno las ve allí desempeñando labores de vigilancia, limpieza; algunos son operadores de maquinaria. Allí están, orgullosos de sus uniformes, de sus carnets, de sus radios transmisores; agradecidos por su sueldo y sus cestatiquets. Muchos no hacen en todo el día más que mirar la inmensidad en busca de alguna eventualidad que casi nunca se produce, y eso está bien: de alguna manera hay que pagarles a los pueblos originarios el genocidio de siglos. El momento culminante de la observación sobreviene cuando uno de los compañeros del complejo me informa, todavía más orgulloso que los hermanos kariña, que en esos días unos técnicos del Ministerio de Agricultura y Tierras iban a comenzar a dictar en las comunidades cercanas un taller de cultivo de yuca. Había que hacer una nota de prensa sobre eso.

Los chistes, cuando son malos, hay que explicarlos. Y este chiste es espantosamente cruel, amargo, repulsivo, desesperadamente grave: muy rejodida tiene que haber quedado una cultura; muy desmoralizado y neutralizado tiene que estar un pueblo; muy hondo tiene que estar sepultado el cadáver de un país, para que hayamos llegado al punto en que unos técnicos caraqueños les enseñen a los inventores del casabe cómo se siembra y se cosecha una mata de yuca.


Hablando de yuca
Ese caso es actual y es una muestra microscópica, una maqueta muy pequeña, de cómo nos enyucó el capitalismo como pueblo y como cultura, hasta llegar al momento inaceptable, triste y miserable en que un hijo de la gran puta, el segundo hombre más multimillonario de Venezuela, genere pánico y desasosiego con sólo dar la orden de no distribuir en los puntos de venta la harina pan. Explicación del chiste: un coñoemadre que en su perra vida habrá tocado una maldita mazorca de maíz, nos ha hecho creer a nosotros, los inventores de la arepa, que sin la harina inorgánica esa que mientan “precocida” nos moriremos de hambre. El disparate tiene su origen en un crimen originario, que fue separarnos del país que estábamos a punto de ser, y empujarnos a la imitación forzosa de un país industrial, urbano y cosmopolita que nunca seremos. Puede que echándole mucha bola y sacrificando mucha dignidad a ratos parezcamos neoyorkinos o parisienses, pero nosotros no somos parisienses ni neoyorkinos sino una caricatura de esas ciudadanías. Nosotros teníamos un país apegado a la tierra, a unas tradiciones, muchas de ellas españolas pero por cierto bastante nobles y tiernas, porque estaban dirigidas al vivir y no al enriquecer a un explotador; teníamos un país en el que la gente no tenía vergüenza de sembrar unas matas, levantar una casa y coser unas ropas, pero cuando estalló el boom petrolero y la orden de los dueños de nuestro petróleo fue emigrar en masa hacia las grandes ciudades y convertirnos en urbanos, empezaron a darnos asco todas esas cosas.
En 1929 se publicó una novela llamada “Doña Bárbara”, obra cuya metáfora esencial se nos ha impuesto como emblema de la venezolanidad: hay un ser salvaje por derrotar (el campesino feo, jediondo a humo y a monte, a sudor) y un Santos Luzardo que lo domina (el caraqueño blanco, bien vestido y mejor hablado que no olía a sudor sino a perfume) a punta de civilización y buenos modales. Menos de veinte años después Caracas pasó de 300 mil a un millón de habitantes. El citadino de los años 40 todavía era un campesino pero estaba aprendiendo a vivir conforme a las normas y el ritmo de la ciudad; de esa época data la aparición en el habla popular de dos dichos lamentables: “Aquí, jodido pero en Caracas” y “Caracas es Caracas y lo demás es monte y culebra”. Entre la Doña Bárbara de Rómulo Gallegos y la Venezuela protourbana de Medina Angarita un Luis Caballero Mejías inventó la fórmula de la harina precocida de maíz, y a los pocos años el derecho de masificar y explotar esta fórmula pasó a las manos de la familia de Lorenzo Mendoza. El negocio del año: cómo hacer desaparecer los vestigios de ruralidad para adaptarse a las necesidades del capitalismo industrial y comercial.


La arepa que no es arepa
Muchos venezolanos, más ingenuos que desinformados, creen que comiéndose una arepa en una arepera en lugar de una hamburguesa en cualquier hamburguesería les están siendo fieles de alguna manera a lo venezolano. Pero el éxito de la harina precocida de maíz es de la misma índole que el de la hamburguesa: ambas son fórmulas que no le sirven a la gente sino al capitalismo. En los años 30 del siglo XX, cuando a los genios de Roosevelt se les ocurrió la idea de preñar de rascacielos a Nueva York y otras ciudades para sacar a EEUU de la Gran Depresión (ser esclavo albañil se puso de moda, pues miles de hombres desempleados se lanzaban a la aventura de pegar bloques, vigas y cabillas por un sueldo miserable, mientras creaban megalópolis de concreto armado) cobró auge el objeto-alimento más exitoso de la centuria: el famoso emparedado, un truco tan sencillo como meter la comida dentro de un pan para efectos de la comodidad y el no tener que bajar 70 pisos de andamios para sentarse a comer (o evitar caerse por andar manipulando platos, cubiertos y vasos en esas altitudes).

Mientras el acto de nombrar al emparedado (o sándwich o hamburguesa) obliga al honesto y correctísimo hecho de referirse al bojote completo, es decir, al pan y a lo que lleva adentro, con la “arepa” de harina precocida se nos ha empujado a una cándida y a la vez monstruosa trampa: uno dice “voy a comerme una arepa”, pero en realidad nadie va a una arepera pensando en zamparse la arepa sola. La arepa pelá y la arepa de maíz pilado sí fueron el bocado nacional por antonomasia y sí puede comerse sin relleno alguno, porque son de maíz y saben a maíz. Pero la arepa de harina precocida no sabe a nada, así que hay que rellenarla con algo que le dé gusto y sentido. Contra lo que dice Empresas Polar, la arepa de harina precocida no es el plato nacional, la vedette de nuestra mesa, la novia esplendorosa, sino de vaina la muchachita que va a tras sosteniéndole el velo.


Hace poco tuve una revelación en una casa en el asentamiento campesino La Chigüira, en Barinas. Después que hubimos comido la gente de la casa trajo el postre; era un plato con tres arepas para compartir entre seis personas. Estaban frías, pero mi media arepa me supo a gloria: por primera vez en mucho tiempo me estaba comiendo media arepa de verdad. Los anfitriones de esa casa (El Mono, Laura) son colombianos.


¿A quién le sirve una “arepa” así?
Lo que llaman “comida rápida” tiene la sospechosa virtud de ahorrarnos tiempo y esfuerzo, y ese es el mismo concepto que se le explota a la harina precocida. ¿A quién se le ahorra tiempo? ¿A usted? Póngase a ver: usted ya no tiene que sembrar, cosechar, sancochar, moler o pilar y amasar el maíz, pero ese tiempo que se ahorra no lo está invirtiendo en usted sino en cumplir con el requisito de la puntualidad. El signo distintivo de la gente que sobrevive en capitalismo es la rapidez; cuando usted sale a las 12 y regresa a la 1:30 se siente satisfecho, no de haber almorzado sino de haberlo hecho antes de que el aparato o persona que le vigila el horario empiece a decir que usted es un irresponsable. Como “el trabajo dignifica” y ser vago es una mancha horrorosa en su biografía usted termina dándole más importancia al trabajar que al comer.
Pero el capitalismo ya pensó en eso y no va a permitir que usted se angustie: para eso creó la vianda o lonchera, ese ataúd contentivo de la “comida” que usted hizo a los coñazos la noche anterior o el fin de semana, y que, como a cualquier cadáver, la saca del congelador al crematorio (el horno microondas) y de ahí a la triste mesa dentro de la oficina, de donde no saldrá para evitar llegar tarde. ¿Y en la casa, qué? ¿Y mi arepita casera? Ahí tiene el tostiarepa, un artefacto diseñado para que ni siquiera tenga que tomarse el trabajo de acariciar la masa y de lubricar el budare.


Cierto que todos o casi todos terminamos aceptando y naturalizando este ritual inhumano y vejatorio; una sociedad que le da más importancia al trabajo que a la comida es una sociedad de esclavos. ¿Usted de verdad necesita esa forma de vida? No: la necesita la empresa, ministerio, fábrica o maquila donde le exprimen su fuerza de trabajo.


El resto del crimen

El crimen que nos despojó de nuestra cultura en formación tiene muchos rastros y señales; la clave gastronómica es apenas una de ellas. Así como los agroindustriales nos convencieron de que el conuco es prehistórico, cochino, chabacano e indigno, esas y otras hegemonías nos han inculcado el asco, el desprecio y el temor a las casas de barro (para vendernos cemento), a la caza y la pesca como cultura cinegética (para vendernos carne de vaca), a la posibilidad de hacer con nuestras manos lo que en capitalismo hacen los esclavos. Y así, nos enseñaron también a detestar nuestros olores corporales (oler a ser humano es oler a mierda: usa jabón y desodorante), nuestro color (tintes, maquillajes), nuestra forma de hablar (diccionarios, cursos y policías del lenguaje “correcto” como lo hablan y escriben los españoles), nuestra música.


Cuando Chávez propuso llenar las azoteas de los edificios de sembradíos y gallineros verticales la reacción generalizada fue de asco, risa y pena ajena, porque para unos seudocosmopolitas acostumbrados a la sifrina idea de que sólo se puede ser gente si se es profesional o intelectual, está bien el orden que divide a la humanidad en esclavos (pobres), amos (ricos) y parásitos (clase media). ¿Para qué enseñar a mi hijo a hacer casas si ya hay niños de su edad, hijos de esclavos albañiles, que se la harán en el futuro? ¿Para qué enseñarlo a sembrar si ya hay hijos de campesinos condenados a no saber hacer otra cosa sino regar unas plantas de las que no van a comer porque le pertenecen a la agroindustria? ¿Para qué enseñar a mis hijos a hacer una mesa o silla o casa si esas cosas ya las venden hechas, y de polietileno? ¿Para qué enseñarles a hacer zapatos o pantalones, si cuando sean profesionales van a poder ir a Zara? ¿Para qué enseñarles a tocar un cuatro o una bandola si por una módica suma aportada por el Estado puede aprender a tocar violín o corno francés, cosa que da más caché y es más currrrta que andar tocando tambores? De esto, y no de otra cosa, está hecha la afrenta del empresario bobo empresario (uno llama “bobos” a quienes nos someten y nos aplastan a nosotros los vivos, y de paso se enriquecen con ello, ustedes me entienden) que nos convenció de que la comida sólo es comida si se compra y se vende masivamente.